
17 de abril de 2021
De Madrid al Zielou

10 de abril de 2021
Un pequeño paso para el hombre…

5 de abril de 2021
Reflexiones de un cofrade confinado.
26 de marzo de 2021
El turismo cultural. O cómo beberte un cubata en el Prado.
Normalmente no hago entradas muy críticas, o sí, bueno… Al final siempre estoy diciendo lo que pienso sobre cualquier tema y recomendando o no algo; cualquier playa de Menorca, un sitio de Londres o un simple restaurante de Fuengirola. Me gusta dar mi opinión, y si algo me permite el jefe de este blog es dar mi opinión. ¿Cómo ser tu propio jefe? Eso os lo contaré otro día. De momento voy a seguir con el tema del turismo.
Si estáis viendo las noticias últimamente, algo que está bien ver muy de vez en cuando, habréis oído las restricciones que nos esperan en Semana Santa. ¿Una incoherencia? ¿Una barbaridad? Yo creo que no. Bueno, o sí, depende. El resumen de todo sería el siguiente: somos un país de pandereta y simplemente, ahora estamos sufriendo lo que no tuvieron valor hacer en Navidad.
En mi opinión creo que, desde fuera, cualquier persona que preste atención a nuestras medidas nos deben ver como un país con muy pocas luces, aunque desde fuera siempre todo se vea mejor ¡Por eso vienen todos los franceses y alemanes, serán jodidos! No te digo que el resto de países sean un ejemplo de coherencia, empatía y ejemplaridad. Para nada. Solo hace falta mirar cómo está Brasil, Italia o Estados Unidos… “La situación es difícil de gestionar”, sí, eso lo hemos oído. Es la frase más repetida en este año, aunque digan que la palabra más usada sea “vegano” (yo no sé de donde se lo sacan). Eso y que tenemos vacuna. Es verdad que hay cosas que se han hecho bien y hay que reconocerlo, pero hay muchas otras que se han hecho muy mal. Lo que no se entiende es la incoherencia de las medidas que proponen y eso ha hecho enfadar a mucha gente.
Nos quejamos de que estamos en crisis. Sí. Seguramente la mayor desde hace más de 100 años, porque la del 2008 era una broma casi al lado de esta. España es un país que vive del turismo, siempre. Y yo soy de Menorca, que tiene poca cosa más, por lo que es normal que queramos dar ayudas a este sector. No económicas directamente tal vez, pero sí medidas que indirectamente ayuden. ¿A que alguna vez habéis tenido esa discusión con vuestra familia de a ver quién tiene que coger el teléfono? El que esté más cerca, ¿no? Normalmente tus padres te decían que lo cogieras si estabas al lado. Vale, pues, el gobierno ha dicho que vaya el que está más lejos y al de cerca no lo deja ni moverse del sofá. Aunque el de cerca dé gracias por no tener que ir, al menos en el caso del teléfono, es una decisión absurda.
Está muy bien que vengan turistas; franceses, alemanes, hasta japoneses si quieren. Nosotros no hacemos ascos a nadie, que eso está muy bien. Lo que no se entiende es por qué no se puede mover uno que lo tiene todo más cerca. ¿Por qué vamos a dejar que un español se mueva de Toledo a Madrid que tarda 50 minutos cuando podemos dejar que venga un francés que tiene que hacerse 1200km en avión y 3h de aeropuerto? A veces no sé quién piensa las políticas que se hacen, pero imagino que alguna razón tendrá. A esta no la pillo por ningún lado, y mira que he mirado y remirado, pero no hay manera. Debe ser que es de un nivel político muy avanzado.
Reactivar el turismo está muy bien, pero hazlo primero con los tuyos, que es mucho más fácil. Deja que la gente se haga PCR más baratas para estar seguro de si tienes el virus o no; deja que la gente tenga más tiempo para ir al bar y que no se junten 300 personas en una hora; deja que la gente vaya al futbol con la máxima seguridad; deja que la gente se mueva a ver a su familia o parejas con una PCR; deja a la cultura celebrar sus actos teniendo en cuenta las normas; deja a la gente vivir. Lo único que consiguen es que queramos hacer lo mismo con menos tiempo o en otros horarios. Porque después de un año así, se te quitan las ganas de cumplir, y más cuando ves que un francés puede hacer todas estas cosas sin que le pase nada. Y Ayuso, no digas que vienen a ver el Gernika o Las Meninas, porque eso no te lo crees ni tú. Nos tratan como niños pequeños, y después de este año, la gente no puede estar más harta.
Como dice Grison en La resistencia; “yo me quiero ir a Cádiz. Me cojo un billete a Toulouse por 20€ y de allí a Cádiz. ¿Oh la lá Monsieur, ce n’est pas Notre-Dâme?”. Puede ser una solución. Yo me quiero ir a Jaén, et je sais parler le français. ¿Colará o no? Lo sabréis en el próximo episodio de… ¡Cómo nos mean en la cara y nos dicen que llueve! Visto lo visto, tendréis alguna entrada más estas vacaciones, porque como no podemos salir, habrá tiempo suficiente para escribir. ¡Qué mejor que pasarlo conmigo! Cumplid con lo que nos digan un poco más, que queda poco (eso dicen siempre) y seremos libres. Ellos, seguirán siendo hipócritas. Un beso y cuidaros.
22 de marzo de 2021
Nuestro Atocha particular. Correspondencia contigo.
Son las seis y diez de la tarde. Estoy sentado en el McDonalds del aeropuerto de Madrid. Solo, escribiendo. Me estoy comiendo unas patatas para hacer tiempo. Ha sido un fin de semana largo; lleno de aventuras y felicidad; con la mejor compañía y con ganas de que fuera eterno.
Son las seis y diez de la mañana del jueves y la situación era similar. No había McDonalds, pero el sueño y el cansancio eran el mismo. Estaba montándome en un avión y no tenía ni idea de lo que me esperaba estos 3 días y pico. Madrid era nuestro destino; esa ciudad loca, agobiante e inesperada, a la vez que preciosa, acogedora y viva las 24 horas del día. Bueno, 17 horas del día (las otras siete se las come el toque de queda).
Cristina también venía, aunque ella llegaba más tarde y a Atocha. Era su segunda vez en tren a Madrid y la primera que tenía que salir sola. Se perdió. Fue nuestro primer contratiempo. Entre gente con maletas y abrazos de reencuentros la encontré. Rubia, con su bolso y su maleta, y tan guapa como siempre. Qué bonica estaba. Nos rugía ya el estómago y no se nos ocurrió otra cosa que ir a El Brillante a desayunar. Bar madrileño típico, con sus bocatas de calamares y tostadas de jamón y queso. Lo que no fue normal fue la clavada a primera hora de la mañana por dos trocitos de pan y dos cafés.
En el transcurso de una hora nos pararon de la tele para una entrevista, vimos una manifestación en el congreso e hicimos el Check-in en el hotel. Era pequeño, en Calle Montera, y al contrario de lo que pensáis por lo de calle Montera, no ha habido ruidos raros de otros pisos al lado por la noche. Será que teníamos la Policía justo enfrente. Suerte que no nos los queríamos cruzar por si acaso.
En estos tres días hemos tenido tiempo de todo; nos hemos perdido por las calles de Madrid cogidos del brazo como dos abuelos; hemos ido de compras (al menos ella, a mi no me han dejado mucho); hemos ido al Sumo a probar nada más y nada menos que 16 platos de sushi, de los cuales yo me comí 10 mínimo; hemos paseado por Plaza Santa Ana, un sitio en el que yo no había estado nunca, y mira que está céntrico; hemos comido los deliciosos manolitos en Alonso Martínez (nada más que añadir); hemos visto La Isla de las Tentaciones con nuestra copa y nuestros Papa Delta -la verdad que nunca imaginé que eso estaría tan rico-.
También hemos desayunado en el ya famoso y conocido por influencers Café Comercial -si no podéis ir, seguramente sea porque reservan todas sus mesas a los brunch, por el módico precio de 28€ nada menos. A nosotros nos bastó con un sandwich, una tostada y un café, as always. Hemos podido ver toda la Castellana sin mover un pie del coche; tomamos unas cervezas con mis amigos de mi ex-uni; nos ha tocado sufrir el frío de una Filomena 2.0, sin lluvia y sin nieve. Pensaréis así que nos ha hecho buen tiempo, y así es, pero el frío que ha hecho ha sido increíble; hemos paseado por el Retiro, tomándonos un tinto de verano al lado del lago; hemos hecho fotos; hemos andado y andado, más que nada para evitar el metro y sus grandes multitudes. Ese sonido de fondo de “próxima parada... correspondencia con” se ha echado de menos; hemos comido en el Zielou, que mejor os explico qué tal otro día; conectamos la tele del hotel a Internet, como dos hackers de Silicon Valley; tomamos a “cervecita” in Plaza Mayor, como habría dicho Ana Botella si fuera un poquito más madrileña -qué es eso de un café-; hemos reído, nos hemos querido, y todo esto y mucho más han hecho del finde, unos 3 días mágicos que podremos recordar y contar dentro de muchos años.
Escribo todo esto en el aeropuerto porque necesitaba sacar todo eso en palabras antes de solo tener las imágenes en mi cabeza o en Instagram. Normalmente dicen que cuando uno se lo pasa bien no sube nada. Creo que le doy la razón a este ser, porque lo último en lo que piensas es en coger el móvil y estropear el momento. La despedida ha sido horrible, como siempre. Andar por el Paseo del Prado -en medio de la carretera, algo raro- sin ti, ha provocado que las lágrimas cayeran sin querer desde el minuto 1 después de que cruzaras ese control de equipajes. ¿Cuándo nos volveremos a ver? Pronto, no lo dudo. Todo depende de Pedrito, que espero que sea bueno y coherente. Hasta este día cercano, me quedo con nuestras conversaciones sobre cualquier tema que nos salga sin importar qué piense el otro, conversaciones sobre el futuro, me quedo con tus caricias, tus besos a medianoche, con nuestras risas tontas, con tus botes de maquillaje por todo el baño, con tus quejas matutinas, con tu sonrisa y contigo. Qué suerte tuve y tengo cada día. Te esperaré llegar siempre en nuestro Atocha particular.
P.D. Por cierto, también he podido ver el futbol contigo, que no juntos, un gran avance para nuestra relación. La próxima vez verás al menos 5 minutos. Después de estos días, me quedaría siempre con Madrid. Aunque si me dan a elegir, me quedo más contigo. Siempre. Como espero que vosotros os quedéis conmigo en esta entrada, por algo melancólica que sea. Gracias, como siempre. Son las siete y cincuenta, y sigo esperando para embarcar.
