21 de junio de 2019

Marina me dijo una vez...

“Marina me dijo una vez que solo recordamos lo que nunca sucedió”. Con estas palabras empieza Carlos Ruiz Zafón una de sus novelas más conocidas. Cuando decidí empezar el blog, fue uno de los primeros libros en los que pensé. Para mí, este fue el primer libro que me ayudó a comprender que la lectura puede ayudarte en la vida; que la lectura no es solo algo aburrido que debemos evitar. Por esta razón, cuando dije que leer se entrena, pensé que este debía ser el primer ejercicio de calentamiento. ¡Veis, al final vamos a hablar incluso de fútbol!

Una vez te sumerges en el mundo presentado por el escritor catalán, entras en un lugar fantástico del que no podrás salir; como Hogwarts, Narnia o Menorca para los turistas en verano. En esta novela nos encontramos una Barcelona misteriosa, fúnebre, pero también a la vez cariñosa, activa, que mezcla lo antiguo con lo moderno. Una ciudad caracterizada por Gaudí, el Barrio Gótico, sus mansiones y cafeterías que actualmente atraen a tanta gente.

Vamos ya con el libro, que nos andamos por las ramas. En el fragmento que explico hoy, Ruiz Zafón nos presenta a Óscar Drai, el protagonista. Un chico barcelonés, perdido, sin ningún sitio adonde ir. En resumen, un chico huérfano de familia y hogar cuya libertad consistía en escapar del internado y explorar las calles de su ciudad, y ahora mismo, de nuestra ciudad también. En una de estas escapadas, Óscar decide entrar en una de las mansiones monumentales que él mismo describe como desiertas, llenas de rehenes de viejas estirpes incapaces de volver al mundo real. En este fragmento ya encontramos símbolos típicos de Carlos Ruiz Zafón, como son los ambientes lúgubres, estatuas que parece que cobran vida, velas… Obviamente, el protagonista, cautivado por la música que sale de un gramófono coge un reloj que no le pertenece, hasta que aparece una silueta que se le acerca con manos blancas y ojos encendidos. Se pone a correr hasta llegar al internado, donde se da cuenta que lleva aún el reloj. ¿No habría sido mejor haberlo dejado en la casa para no tener problemas?

Forjado de oro macizo, el reloj se convirtió en su compañero inseparable. Ese amigo al que le podemos contar cualquier secreto, hasta que decidió devolverlo a esa mansión atrapada en el pasado. Eso sí, esta vez no iría solo, sino que lo acompañaría su pobre mejor amigo, que no tenía ninguna culpa de tener un amigo “idiota”, como él mismo le dice. Ese reloj le duró en el bolsillo una semana más, sin tener las agallas necesarias para devolverlo.

Aunque estaba roto (¡ya me dirás qué interés puede tener para una persona un reloj roto!), el aparato le permitió conocer a Marina, la hija del dueño. Posiblemente, la chica más bonita que había visto nunca, aunque pareciese reírse de él todo el tiempo. Esa familia resultó ser muy simpática, incluso habiéndoles robado un reloj muy importante para ellos, como veremos más adelante. Padre e hija tenían una relación muy fuerte, que iba más allá de los gestos de cariño que se realizaban mutuamente, y fueron tan simpáticos que lo invitaron al día siguiente a su casa. Ese sería el inicio de una amistad muy fuerte que explicaremos en el próximo artículo. Así os dejo con ganas de leer más, que es el objetivo. Lo bueno, si breve, dos veces bueno, como decía Baltasar Gracián y también, mi profesor de castellano.

La canción que dejamos hoy en nuestra playlist es una canción que tiene mucha relación con Barcelona. Por quién la canta, por lo que dice y por toda la historia que lleva detrás… Por Serrat y ser del Mediterraneo. No olvidéis seguir buscando Le Lector en Spotify para estar al tanto de las canciones que compartiremos todos.

¡Ánimo lectores! Os leo en los comentarios.

Le Lec.


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