“Marina me dijo una
vez que solo recordamos lo que nunca sucedió”. Con estas palabras empieza
Carlos Ruiz Zafón una de sus novelas más conocidas. Cuando decidí empezar el
blog, fue uno de los primeros libros en los que pensé. Para mí, este fue el
primer libro que me ayudó a comprender que la lectura puede ayudarte en la
vida; que la lectura no es solo algo aburrido que debemos evitar. Por esta
razón, cuando dije que leer se entrena, pensé que este debía ser el primer
ejercicio de calentamiento. ¡Veis, al final vamos a hablar incluso de fútbol!
Una vez te sumerges
en el mundo presentado por el escritor catalán, entras en un lugar fantástico
del que no podrás salir; como Hogwarts, Narnia o Menorca para los turistas en
verano. En esta novela nos encontramos una Barcelona misteriosa, fúnebre, pero
también a la vez cariñosa, activa, que mezcla lo antiguo con lo moderno. Una
ciudad caracterizada por Gaudí, el Barrio Gótico, sus mansiones y cafeterías
que actualmente atraen a tanta gente.
Vamos ya con el
libro, que nos andamos por las ramas. En el fragmento que explico hoy, Ruiz
Zafón nos presenta a Óscar Drai, el protagonista. Un chico barcelonés, perdido,
sin ningún sitio adonde ir. En resumen, un chico huérfano de familia y hogar
cuya libertad consistía en escapar del internado y explorar las calles de su
ciudad, y ahora mismo, de nuestra ciudad también. En una de estas escapadas,
Óscar decide entrar en una de las mansiones monumentales que él mismo describe
como desiertas, llenas de rehenes de viejas estirpes incapaces de volver al
mundo real. En este fragmento ya encontramos símbolos típicos de Carlos Ruiz
Zafón, como son los ambientes lúgubres, estatuas que parece que cobran vida,
velas… Obviamente, el protagonista, cautivado por la música que sale de un
gramófono coge un reloj que no le pertenece, hasta que aparece una silueta que
se le acerca con manos blancas y ojos encendidos. Se pone a correr hasta llegar
al internado, donde se da cuenta que lleva aún el reloj. ¿No habría sido mejor
haberlo dejado en la casa para no tener problemas?
Forjado de oro
macizo, el reloj se convirtió en su compañero inseparable. Ese amigo al que le
podemos contar cualquier secreto, hasta que decidió devolverlo a esa mansión
atrapada en el pasado. Eso sí, esta vez no iría solo, sino que lo acompañaría
su pobre mejor amigo, que no tenía ninguna culpa de tener un amigo “idiota”,
como él mismo le dice. Ese reloj le duró en el bolsillo una semana más, sin
tener las agallas necesarias para devolverlo.
Aunque estaba roto
(¡ya me dirás qué interés puede tener para una persona un reloj roto!), el
aparato le permitió conocer a Marina, la hija del dueño. Posiblemente, la chica
más bonita que había visto nunca, aunque pareciese reírse de él todo el tiempo.
Esa familia resultó ser muy simpática, incluso habiéndoles robado un reloj muy
importante para ellos, como veremos más adelante. Padre e hija tenían una
relación muy fuerte, que iba más allá de los gestos de cariño que se realizaban
mutuamente, y fueron tan simpáticos que lo invitaron al día siguiente a su casa.
Ese sería el inicio de una amistad muy fuerte que explicaremos en el próximo
artículo. Así os dejo con ganas de leer más, que es el objetivo. Lo bueno, si
breve, dos veces bueno, como decía Baltasar
Gracián y también, mi profesor de castellano.
La canción que dejamos hoy en nuestra playlist es una canción
que tiene mucha relación con Barcelona. Por quién la canta, por lo que dice y
por toda la historia que lleva detrás… Por Serrat y ser del Mediterraneo. No
olvidéis seguir buscando Le Lector en Spotify para estar al tanto de las canciones que
compartiremos todos.
¡Ánimo lectores! Os leo en los comentarios.
Le Lec.
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