13 de junio de 2024

¡Bienvenidos a la Eras Tour!

Pocas frases han suscitado tal vociferación en una multitud. Pocas palabras han tenido un efecto tan eufórico en sus oyentes. Pocas oraciones han provocado tal sinfín de emociones en un grupo de personas, que fueron desde la alegría al llanto, pasando por la locura y el éxtasis. Con cuatro simples palabras, Taylor Swift nos tenía a todos a sus pies. ¿Y qué pinto yo en todo esto? Mucho más de lo que creéis. 

        Todo empezó hará cerca de un año, cuando aparecieron las primeras entradas para un concierto único en el Santiago Bernabéu (no entraremos a valorar la magnitud de estadio en que se ha convertido) de una artista colosal que ha ido ganando fans y haters por igual tras este año lleno de conciertos y éxitos. Unas entradas que se agotaron en menos de una hora y que consiguieron sacar lágrimas en los ojos de mi novia muchas noches antes de acostarse, en la ducha cantando sus canciones, o viendo Tiktoks antes de dormir. Era su sueño. Un sueño que no se iba a cumplir a no ser que comprara una entrada de reventa por 400€ que el azar podía dejarte sin validez ese mismo día.

Pasaron meses sin noticias, sin ninguna mención a un segundo concierto, con algunos rumores y otros posts de clubes que no saben cómo ganar fama. Eso es otro tema. Llegó marzo y con las primeras flores de primavera llegaron nuevos códigos para un nuevo concierto. Un segundo concierto, en primer lugar, antes del concierto que era el primero, que pasaba a ser el segundo. ¿Qué? En fin, el resultado fue que conseguimos dos entradas, tras horas de cola y un precio para nada desorbitado. Íbamos a ver a Taylor Swift. En ese momento no era consciente de la magnitud de tal evento. 

        Se fue acercando la fecha y se fueron sucediendo preparativos que incluían la elección del outfit, la compra de purpurina, pegatinas y un algoritmo de Tiktok basado en información del pre-concierto, posibles anuncios, y compras de merchandising. Éste, llegó el martes 27 a la tienda del Bernabéu. Después de un día de trabajo, con el que llegué a Recoletos a las 19 de la tarde, nos íbamos a mi templo del futbol para ver si podíamos comprar algo para Cris. Una vez ahí, sorprendidos por la cola, que no fue larga, se fue no con una camiseta, sino también con una sudadera que no se va a quitar hasta que tenga 80 años. Y no es para menos. La va a amortizar. Estudió el terreno, los accesos y el bar de al lado, que no falte ese vermut en las noches calurosas del Madrid de mayo. 

Llegó el gran día. Empieza el protocolo Swift en Calle General Pardiñas. Exfoliación y bronceado del cuerpo a las 10. Discografía completa sonando por Spotify. Última prueba del vestido a las 12. Comida para coger fuerzas a las 13.30. Retoques de purpurina y accesorios a las 15 y se pone rumbo al Bernabéu. No bastaba con llegar antes con lo que llegamos mucho antes -de la apertura de puertas-. Había que ver el ambiente, cambiar pulseras, beber mucha agua, ver grupos de gente vestida con botas de cowboy y minifaldas y otros que se habían equivocado y pensaban que era febrero y volvía carnaval. 

        El otro día leí un artículo en el que la autora se consideraba un término que creo adecuado a mi postura frente a ese momento. No me considero fan de Taylor, ni mucho menos como Cris, aunque le he cogido cariño y me está gustando escuchar de vez en cuando sus canciones -al vivir ahora con Cris eso viene a ser en todo momento-, pero sí me considero “swiftcurioso”. No la odio, ni creo que sea una mojigata, o una fresca como llegué a escuchar, pero tampoco me apasiona a niveles religiosos. Y ahí nos presentamos, preparados para vivir uno de los mejores, sino el mejor concierto de mi vida, y sin duda, el mejor día de la vida de mi novia. 

Este artículo es básicamente, por y para ella, para que dentro de años, cuando a lo mejor vuelva a quedar poco para verla, en el Bernabéu, Wembley, Milán o Paris, lea esta entrada y recuerde esa sensación al ver a los bailarines entrar; al ver ese carrito de la fregona y el griterío de la gente al empezar la cuenta atrás; que recuerde el “It’s been a long time”; los primeros acordes de Miss americana en los que solo se escuchaban miles de voces cantar a unísono; recuerda también tu sonrisa al ver a tu Taylor; sus looks en cada una de sus eras; su versión de All too well de 10 minutos en los que lloraste tres veces mostrando que es una de las canciones más bonitas que vas a escuchar; recuerda también todo el disco de Reputation, y su 1989; recuerda el momento del niño y el sombrero; todas las veces que Taylor se dirigió a vosotros, como un cura se dirige a su parroquia llena de fieles; recuerda Karma y el bridge de Cruel Summer y The smallest man who ever lived; recuerda los fuegos artificiales, la ovación en Champagne problems y el momento en que se despidió de todos con un “Hasta pronto”. 

Los días post-concierto han sido complicados. Nadie te enseña a superar esas 3 horas y media en las que la piel se te eriza, las pupilas se dilatan y tus oídos intentan procesar todo lo que está escuchando. Y aunque la respuesta no sea ir a todos los conciertos de esta gira, nunca se sabe lo que puede pasar. Porque sé, aunque tú digas que va a ser complicado, que no va a ser la última vez que la veas. Y yo, tu swiftcurioso, quiero estar ahí contigo, para disfrutar juntos otra vez de una de las mejores experiencias que hemos vivido. …Ready for it?

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