Pero si hay uno que últimamente me ha marcado es El Encanto, un libro escrito por Susana López Rubio que, al contrario de la recientemente tan comentada (y criticada, también) Carmen Mola, es una mujer a la que el hecho de ser guionista la hace escribir de cine. Este libro, que ya de por sí su portada a lo Art Noveau enamora, me lo recomendó hace un par de años mi compañera Leire, pero por un hecho totalmente ajeno a la historia. Al leerlo se enamoró de Cuba, una ciudad que hace años podía ser preciosa, y que actualmente, debido a la situación política en la que se encuentra es una Atenas latina. Restos de una ciudad hermosa a la que el tiempo y EEUU se han llevado por delante.
Claro, yo no conocía Cuba. Ni la conocía ni me había interesado nunca por ella (solo había visto la portada de un disco de Nat King Cole en la que aparecía con la típica camisa de lino blanca por una de sus calles). Empecé a leer el libro y evidentemente era la típica historia de amor en la que puedes esperar cómo va acabar. Pero eso a veces da igual, sino que se lo digan a mi madre, que ha visto mil pelis de Navidad donde todas terminan igual.
Iban pasando las páginas y me iba enamorando de esa Cuba que me mostraba la autora con sus palabras: esas casas de colores, ese olor del Malecón, esas galerías, los mojitos entre palmeras… Todo parecía idílico. Además, lo que decía de El Encanto y sus salones me recordaba a Velvet y sus galerías, que puede ser perfectamente una de mis series favoritas. La historia incluso se podía parecer en gran parte, aunque si conocéis la serie tampoco os esperéis que en el libro vaya a pasar lo mismo. Aunque si os acordáis de Raul de la Riba, me enviáis un mensaje cuando leáis la historia.
Y qué decir de Patricio y Gloria. ¡Ay esos dos! Ojalá os pudiera contar más, pero entonces os destriparía toda la historia y no querríais leerlo, por lo que voy a cerrar la boquita, que así estoy más mono. O eso decían de pequeño. Yo solo aviso que el libro tiene uno de los finales más inesperados que recuerdo. Hay otro que me flipó completamente, pero ese fue de Peaky Blinders y no viene al caso ahora. 3 páginas. Solo 3 páginas hacen falta para cambiarlo todo. El resto da igual, porque esas 3 páginas lo son todo. Y si el libro me ha gustado tanto ha sido al 60% por estas 3 páginas, y el resto por como escribe la tía. Eso sí, si no llegan a estar esas páginas yo mato a alguien creo.
Pocas veces he llorado por un libro. He llorado, muchas veces, pero por otras cosas. Pero nunca me había pasado eso de terminar un libro y que se te caigan las lágrimas de no poder más. Supongo que la vida exterior influye, como en todo y que no solo es por el libro, pero al verme, mi madre se empezó a mear de la risa. Mamá, quiero verte cuando lo leas. Quien ríe último…
El Encanto no será el mejor libro (creo que esta frase la digo mucho -no será el mejor algo-), pero tiene ese algo de Cuba que te engancha. Esas últimas 3 páginas. Esos 5 minutos en los que la vida te puede cambiar. Esta entrada también se lee en 5 minutos, aunque no creo que os cambie la vida. Solo espero que os den un poquito de ganas de leerlo y de leerme.
Como siempre, gracias. Hasta pronto.
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