13 de enero de 2023

2023, vamos a por ti.

Vuelvo a escribir. Creo que han pasado unos dos meses de la última vez. El trabajo, la universidad, el metro y muchas cosas más han impedido encontrar un momento. Un momento que he dedicado a mi chica, a quedar con mis amigos, a ver a mis padres, a pasear por Madrid o a leer. 

        Ha sido un año que ha tenido muchos momentos distintos. Una montaña rusa de aventuras, que no de emociones. Ha sido un año intenso, como una de esas colonias varoniles que no te abandona ni aunque dejes de ponértela. Todos tenemos una que nuestra pareja no soporta. Seguramente, intentara recordar todas las cosas importantes que han pasado me dejaría muchas, y es mejor que no lo haga, porque luego, una vez termine de escribir esto, me va a venir a la cabeza y aún me voy a sentir peor. 

Pero como cada año desde que empecé este blog, me gustaría hacer un resumen rápido de todas las cosas que hemos vivido, que no han sido pocas. Empecé el año en Jaén, pasando mi primera nochevieja lejos de mi familia. Por facetime sabe distinto, pero esa excursión a Cazorla el día después sirvió para calmar la resaca y disfrutar de un paisaje increíble con una muy buena compañía. Esa entrada la tenéis ya en el blog, por lo que yo os recomendaría leerla (por si se os ha olvidado, que seguro que la habéis leído ya). En el trabajo tuvimos la primera mudanza del año, y empezamos febrero en un nuevo local mucho más cómodo para el nivel de trabajo que teníamos. Pasamos de una oficinita de 6 metros cuadrados, a una planta aceptable para una empresa pequeña de Alaior (pequeña, pequeña… bueno, con potencial). 

        En abril volví a Paris, ciudad de la que me enamoré con Cris, llegando a ir a ver al PSG, club querido durante los primeros 6 meses del año por fichar a Messi, hasta su eliminación en Champions (qué temporada más bonita, por dios) y terminando el curso odiándolo (dichoso Mbappé). Volvimos a disfrutar de la Semana Santa, casi 3 años después de la última vez que pudimos hacerlo, esta vez ya, con todos los pasos, las procesiones y toda la parafernalia que montamos y queremos. 

Ya no volví a París, pero acompañé a uno de mis amigos a comprar un anillo de compromiso. Imaginad la cara que se me quedó al ser de las últimas cosas que pensaba que pasarían este año. Con el calor llegó la playa, llegó Fuengirola y empezaron las entrevistas para encontrar un trabajo en Madrid. Llevaba un par de meses tirando algún currículum, pero tampoco obtenía respuesta alguna. Mis amigos de la universidad se graduaron y yo sigo en tercero, pero ya nos queda nada y esto está chupao. Fui a Marbella por primera vez, tocamos en un montón de fiestas con la banda y volví a ver a mi abuela de Málaga. 

        Y llegaron las fiestas de Mahón, las últimas. Unas fiestas que recordaré porque en ellas se dio la llamada más importante seguramente de mi reciente vida. Yo estaba tocando y el móvil me vibró; sabía que serían ellos, y efectivamente, minutos después llegó el correo. Estaba dentro. Me iba a Madrid e iba a compartir ciudad con Cris después de 3 años en distancia. El cambio iba a ser grande, y despedirme de mis padres iba a ser lo más complicado. Y sigue costando cada vez que te vas. Aquí llegó la segunda mudanza del año. 

Llegué a Madrid y empecé a trabajar sin tener día de reflexión y acomodo. He aprendido a marchas forzadas y doy las gracias por la oportunidad que se me ha dado. Seré el más junior de la oficina, y soy muy junior, pero estas oportunidades a veces pasan una vez en la vida, y hay que darlo todo para que se mantenga el sueño el máximo posible. Es la mejor universidad que podría tener, aunque la real la tenga que estudiar en el coche yendo a trabajar. Volví a ver a mis amigos de allí después de dos años sin apenas verlos, y conocí a gente increíble gracias al carácter de estos, mis amigos, madrileños. 

        Y hoy escribo esto desde mi nuevo piso. Madrid me ha dado muchas cosas bonitas, pero el transporte hasta la oficina se lo quedó guardado para otros. La mía está en Alovera. Para el que no le suene, el pueblo fronterizo con la provincia de Guadalajara, pero por la parte de la Alcarria. Tras 3 meses he buscado un piso más cercano a mi transporte, y lo he encontrado. La zona es buena, la gente es guay, y el piso es grande. Tiene terraza, salón usable, y todo al alcance de la mano. Esperemos quedarnos mucho tiempo. 

Este ha sido un año de aprendizaje. De viajes, de lectura, de ocio, de música, de fiesta, de comidas, de nuevas experiencias, de nuevos compañeros, de nuevos retos, de empezar a ser independiente, de poner lavadoras, de limpiar el piso, de aprender a cocinar, de mudanzas, de fútbol, de baloncesto, de amistades, de familia, de pareja y de felicidad. Sobretodo, felicidad. Este año la vida me ha quitado alguna cosilla, pero me ha regalado muchas más buenas. Y eso es lo que realmente importa. Cuando uno es feliz, el resto no le importa una mierda. Es más importante saber que hay cosas por las que no podemos hacer nada e intentar disfrutar de las que sí podemos cambiar, que darle importancia y quejarnos por cosas ajenas y no disfrutar de las buenas que se nos ponen delante, aunque sean muy poco relevantes. Una vez te das cuenta de esto, aunque parezca muy míster wonderful, el resto es mucho más fácil -en mi cabeza sonaba mucho más sencillo, y lo he tenido que releer 3 veces-.

Y hasta aquí la entrada de hoy. La última entrada de 2022 -aunque sea la primera de 2023-. Un año que nos ha dejado muy buen sabor de boca. Por lo que, brindemos por otro año así, con salud, con trabajo, con amor, felicidad y que el siguiente sea, mínimo, como este, o mejor. 

Chin chin. 


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