¡nOTICIÓN! Encima mal escrito, para que os deis cuenta de lo importante que es. ¡Ya ha llegado el verano! Después de un año de mierda, por fin llega una época que nos suele venir bien a todos para recoger pilas. El verano. Una estación controvertida, polémica, que suele suscitar a que haya dos tipos de personas. Como cuando en los sesenta eran de los Beatles o de los Rolling -ni uno ni otro, o Elvis o cualquier grupo de 4 tíos que cantara como si fueran The Platters-.
Uno de los primeros signos que
tenemos de que ha llegado esta estación es el calor que hace. Entiendo a la
gente que le encanta estar en la piscinita; que hay más sol para hacer planes;
que no hay colegio para poder quedar por la tarde. Si. Todo muy guay. Pero, ¿y
el hecho de estar en la calle y derretirte como un bombón Lindor? A mí me gusta
el verano, sobre todo el tema de la piscinita, pero es verdad que, como la sensación de estar
en invierno, con un frío soportable, con el ambiente de “medio” Navidad, no hay
nada. Y sé que me saldrán muchos haters, pero esta es mi humilde sensación.
Eso sí, el otro día, al pisar por
primera vez la playa en mucho tiempo, recordé una sensación que no tenía otros
años atrás. Tras todo este año que hemos pasado, que ha tenido cosas mejores y
peores, mi cabeza, al tocar esos finos granos de arena blanca, pensó en el verano pasado. Sin querer, me vinieron todos los recuerdos de las playas que
recorrimos con Cristina, día sí y día también.
Llegar a la playa con el coche transmitía
unas vibraciones así muy de película: la música a tope y la ventanilla bajada,
el viento dándome en la cara, el techo descubierto, ver el campo pasar a los
lados… Y cuando llegamos a la costa. ¡Ay qué olor! Yo de eso ya no me acordaba.
Hacía tanto tiempo que no iba, y que con la mascarilla no hueles mucho, que recordar ese olor
fue como oler a gloria.
Recuerdo cuando durante mis
primeros 19 años de vida pre-Covid, al bajarme del avión en Menorca, lo primero que me gustaba hacer era oler ese ambiente a mar salado que desprendía el aire, fuera la hora que
fuera. Ahora ese olor ya no lo noto, pero si es verdad que al llegar a la playa
se acentuaba un poquito. Escuchar el sonido del mar, ver la arena abarrotada de
sombrillas, oler a crema de sol, notar la espalda quemada…son aspectos que nos
demuestran una vez más que rondamos una época de vacaciones. Unas vacaciones
merecidas.
Quedan aún varios exámenes, pero
las ganas de cervezas en la playa y meterte en el agua con tu pareja o amigos va
ganando fuerza por momentos. Y en Menorca, durante este mes de junio, las ganas
se convierten pronto en necesidad. Ya sea Binigaus, Cala Mitjana, Binibècquer,
Macarella o Son Parc, cualquier playa es buena para ir a meterte i “fer una
nedadeta”. Aquí en Menorca no nos bañamos, nosotros nadamos en la playa, aunque
no hagamos ningún largo. Es lo que tiene ser de aquí. No lo vais a entender, pero por algo somos los "elegidos!
También os digo, el agua helada
eh. No sé qué le han metido, pero solo falta añadirle ginebra y limón, porque
los cubitos ya los tenemos. Los guiris se meterán (en el agua, que eso ha sonado bastante mal) porque allí no pasan de los 25º, pero aquí esta temperatura es
similar a la del hielo. Una vez conseguías ir metiendo partes de tu cuerpo,
ibas calculando el tiempo que tardarían en congelarse y no notarlas. Yo no sé
si duré unos 5 minutos, pero es verdad que antes de meterme me la había
imaginado más fría. Me sorprendió el aguante que tuve.
Puede que ir a la playa a veces
sea una odisea (y si no lo veis así, solo hace falta entrar a Youtube y verse
“Las playas de Málaga” de Dani Rovira): pensar en todas las cosas, sombrilla,
comida, la nevera, ropa de recambio, toallas, palas, crema de sol, móvil,
llaves, cartas para jugar… pero todo esto se compensa con llegar a una de
nuestras playas paradisíacas y disfrutar de un día de sol con buena compañía.
Este plan se lo recomiendo a todo el mundo, y mira que yo no era de playa.
También os recomiendo leeros mis artículos, aunque no seáis de leer. Rectificar
es de sabios dicen. Y venirse a Menorca también.
P.D. Cristina, empieza a calentar, que pronto sales! Nos queda nada. Yo te tengo preparadas la gasolina y la sombrilla para la playa.
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