Coincidir con la autora de un libro en una charla, conferencia, diálogo, puede ser algo habitual, pero no lo es tanto cuando ésta es belga. Sin embargo, el otro día, se dio la magia y pudimos disfrutar en Pérgamo de una charla filosófica, reflexiva, íntima, de una autora joven que ha dejado en su libro una reivindicación del problema actual que tenemos con la dependencia.
La conversación, bien llevada por Carlos J. González (@aspirar_al_uno), y con buen gusto para encontrar citas en autores clásicos y más modernos, enmarcada en una librería abarrotada, empezó con un ejemplo sobre los alumnos de éste, con su contestación a la pregunta de si se sentían solos. La respuesta general fue afirmativa, dejando claro que actualmente, por mucho que la vida esté hecha para unirnos, como nos indican todos esos amigos de los que disponemos en las redes sociales, cada vez estamos más aislados y nos cuesta más relacionarnos. ¿Cuántas veces nos hemos callado algo por miedo a ser rechazados, o simplemente ignorados? Yo creo que podríamos tener casos así, diariamente. Y en colegios, cuando uno se está formando como persona, como ser humano, compañero, amigo, éstos pueden aumentar.
En este mundo actual, tan polarizado, creía la autora que tal vez estamos enfermos de Platón. Ese “Alma y cuerpo” que tanto defendía, esa dicotomía entre el mundo sensible y el inteligible, puede verse amenazada por los peligros del exterior. Muchas veces generamos sentimientos que no sabemos canalizar, otras, no nos damos cuenta de ellos, y otras, simplemente preferimos reprimirlos, porque vemos la dependencia de la otra persona como algo malo. “La independencia es una fuente de desilusión y desánimo”, escribía la autora. Contar cosas nuestras, internas, a las que no hemos dado voz nunca, puede generarnos intranquilidad porque pensamos que el otro creerá que somos un problema. Y en esto, estuvo muy agudo: en el colegio se nos enseña a hacer las cosas solos, pero luego, la vida, cuando toca enfrentarse a los peligros de verdad, nunca lo estamos. Y menos ahora. Pienso en los problemas que puedo tener en el trabajo, y siempre hay una mano que te recoge, aunque siempre sea la misma.
Aristóteles, seguramente uno de mis filósofos favoritos, decía: “¿para qué hemos venido?”. Al mundo, aquí, al ahora. Protágoras, en uno de sus diálogos, le contestó: “nos criaron para contemplar el cielo”. Y no sólo para contemplar el cielo, sino para compartirlo con alguien. Ya hemos dicho varias veces que el ser humano es un ser social, y compartir es la principal característica que nos define como lo que somos. Compartir es vivir, diría mi prima.
Vemos al otro como alguien que no es igual que yo, alguien totalmente distinto, ajeno a nosotros, lejano. Sin embargo, el otro, es simplemente otro yo, otra manera de vivir, sentir. Con el tiempo hemos perdido la capacidad de contar al otro nuestra manera de ver el cielo, nuestra manera de ver la vida y también, de vivirla. Por miedo, por inseguridad, o porque hemos comprado la narrativa de que ser independientes es lo mejor que podemos tener. Y esto, nos ha hecho perder la alegría de hacer algo en compañía, dejando la soledad, como algo necesario.
De Witt dijo que una verdad se cuenta entre tres personas, y me parece muy interesante. Cuando solo lo sabe 1, es una locura, y cierto es que un pensamiento puede conducirte ahí; entre 2, es un secreto. Y estos pueden llevar a la traición. Solo queda, de esta manera, una opción: escribir un blog y que lo sepan, mínimo, 3 personas -mi madre, mi novia, y alguno más perdido que lee esto-.
Para finalizar la charla, que se acercó a la hora, sintiendo en mi interior que habían sido 20 minutos, Carlos le preguntó si había alguna manera de ser dependientes sin sentir un peso. No, la respuesta era definitivamente no. Dependientes ya lo éramos, por lo que esto, ya estaba respondido, pero sí que para sentirnos mejor, había que crear nuevas imágenes para que veamos que la dependencia es algo bonito, común, humana. Nos ensimismamos tanto en la individualidad y la productividad que dejamos de ver el mundo. Por eso, hay veces que se necesita parar y disfrutar de una sola cosa. Una. No mil. Sin móviles, sin estímulos exteriores.
¿Por qué lo has escrito? Por dinero. La verdad es que tenía gracia, y a pesar de ser en inglés, se entendió todo muy bien. No solo su narrativa era clara, sino también sus gestos, sus respiraciones. Dejaba muy claro lo que pensaba en cada respuesta. Algo que no había podido hacer todas esas veces que la gente le había preguntado por la dependencia. Por eso, escribió este libro. Por cada una de las veces que no pudo contestar en el momento y la respuesta apareció más tarde. Ésta fue su venganza. Y esta, es mi entrada.
Disfrutad la compañía, la dependencia, no tengáis miedo de decir las cosas, y no os guardéis vuestros sentimientos. ¿Nos falta alegría? Tal vez. Hay veces, sin embargo, que basta respirar, y contemplar el cielo.
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